¿Por
qué mujeres guapas se van con hombres feos y hombres guapos se
van con mujeres feas?
Es esta una
cuestión que ha preocupado a la raza humana desde hace mucho tiempo.
Cada uno de nosotros ha podido comprobar en alguna ocasión que
ese miembro que nos atrae (es obvio que hablo de un miembro del sexo opuesto),
nos rechaza para irse con otro u otra, que resulta ser bastante feo o
fea. O incómodo/a de ver, para los amantes de los eufemismos.
El hecho es que se trata de una práctica extendida entre la población,
práctica que reparte mariposas en el estómago y corazones
rotos entre los afortunados y los desengañados, respectivamente.
Pero lo curioso del caso es que, analizando en profundidad la situación
y apoyándose en las estadísticas publicadas por la Universidad
Charles Bronson, si los feos conquistan a las guapas y las feas, a los
guapos, ¿quién es el que protesta?. Muy sencillo. Los demás.
Resulta que el mundo está lleno de guapos, guapas, feos y feas,
que son individuos interactivos, seres humanos de ambos sexos que interactúan
entre ellos y que nacen predestinados a casarse entre sí. Se supone
que las personas físicamente agraciadas deben estar orgullosas
de sí mismas. Y como los feos y feas conquistan a los guapos y
guapas, ¿quiénes quedan?. Pues los mediocres. Sí,
señores y señoras, el mundo está lleno de mediocres,
personas que no caben en ninguna de las cuatro "categorías
interactivas" enumeradas. Este apelativo no es ofensivo y puede ser
sustituido por los amantes de los eufemismos por simpático, mono,
medianamente guapo, agradable, atractivo y muchos más calificativos
recogidos en la última edición (y casualmente también
la primera) del Diccionario de la Real Academia de la lengua de Charles
Bronson. Bueno, pues toda esta gente mediocre no tiene más remedio
que relacionarse con el resto de los de su subespecie. Ello conduce a
un fenómeno de endogamia, que hace que la descendencia de dos mediocres
sea más mediocre que sus progenitores. Por otro lado, la progenie
resultante de la unión guapo-fea o guapa-feo será, en la
mayoría de los casos, mediocre (es un cálculo fácil,
sólo hay que hallar la media aritmética). Este hecho contribuye
a aumentar la mediocridad de la población mundial. Aún hoy,
es posible ver guapos y feos en todas partes, pero esta tendencia irá
en retroceso con el paso de las generaciones, de modo que dentro de un
tiempo (entre cero y un billón de años), toda la gente será
mediocre y los guapos, guapas, feos y feas serán ejemplares excepcionales
conservados en formol y expuestos en los museos. Por supuesto, esto ocurrirá
una vez que hayan muerto, pues la sociedad del futuro no estará
preparada para pagar la manutención de por vida de estos especímenes.
Por tanto, queridos amigos, hay solución para este acuciante problema
que acosa a los desafortunados y desafortunadas que no pueden presumir
de ser guapos o feos. La primera solución es esperar a que el cambio
se produzca antes del fin de nuestros días, aunque es poco probable.
La segunda solución es ahorrar para cuando sea posible congelar
el propio cuerpo y pedir no ser reanimado hasta que no haya guapos ni
feos en el mundo. Esta opción debe ser manejada con precaución,
pues es más fácil caer en un manicomio (sanatorio mental
para los "eufemistas") que en una cámara criogénica.
Hay una tercera opción, más inmediata, que permite poder
olvidarse de la existencia del problema: la cirugía estética.
Con el dinero suficiente, es posible afear el rostro para entrar en el
grupo de los afortunados y atraer a los guapos o guapas de turno. Hay
métodos alternativos más baratos, como el boxeo sin protecciones,
pero son dolorosos y, por ende, poco recomendables.
Así que, ya sabes; elige tu método para afrontar el nuevo
milenio con renovados ánimos y para encontrar a tu media naranja.
O a tu media manzana, si eres "eufemista" o si guardas un mal
recuerdo de tu última visita a la playa.
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